La luz, el silencio y la presencia constante del mar crean un ambiente de calma absoluta: la Gran Calma. En lo alto de un promontorio rocoso, Casa Rovira se convierte en un mirador privilegiado. Es una de las obras más singulares de José Antonio Coderch, un ejemplo de arquitectura mediterránea de vanguardia que medio siglo después sigue hoy plenamente vigente.
Un sueño nacido en la playa
Joaquín Rovira, nacido y criado en Canet, jugaba en la playa señalando el acantilado repitiendo a sus hermanos y amigos que algún día construiría allí arriba su casa. Ese sueño le acompañó toda su vida. Con los años, y con trabajo y constancia, logró adquirir el terreno y convertir aquel sueño en realidad.
Encuentro con José Antonio Coderch
La vida profesional de Joaquín en la empresa de construcción Huarte lo llevó a conocer a José Antonio Coderch, uno de los arquitectos más singulares de su generación. Desarrollaron una intensa relación profesional que pronto se transformó en amistad. Fue Coderch quien, años después, aceptaría el encargo que daría lugar a Casa Rovira.

El lugar
Hablaron del solar de Canet y Coderch aceptó visitarlo. Al llegar a la cima del promontorio y contemplar el paisaje, pronunció una frase que la familia todavía recuerda hoy: “Si aquí no sale un buen proyecto, la culpa será del arquitecto.”. La casa se construyó entre 1967 y 1969.
La casa hoy
Conservación y respeto al proyecto original
Tras más de cincuenta años desde su construcción, la casa permanece casi intacta. Se conserva en más del 95% tal y como fue proyectada, incluyendo buena parte de la decoración y del mobiliario – en los que el propio Coderch participó activamente-. Un legado preservado con rigor y afecto.
Una casa vivida
Casa Rovira no es solo una obra arquitectónica: es una casa vivida. Durante décadas ha sido punto de encuentro de vacaciones de verano, celebraciones y reuniones familiares, la vida cotidiana que llena de sentido sus espacios.
Arquitectura y distribución
Espacios interiores y exteriores
Con más de 500 m² interiores desplegados en distintos niveles, la distribución se adapta a la topografía del terreno y establece una conexión natural entre dentro y fuera. El salón principal, con vistas panorámicas al mar, es el corazón de la casa..
La ampliación respetuosa de los 80
En los años 80, la familia adquirió una parcela contigua para ampliar la casa hacia el jardín posterior. La ampliación fue completada por el hijo de Coderch, preservando el espíritu original e integrando mejor la casa con el pinar que la rodea.


En la planta principal, los dormitorios se abren a terrazas situadas en distintos niveles, siguiendo la topografía.
Planta principal
Planta principal
GRAN SALÓN ABIERTO A LA TERRAZA Y A LA PISCINA
La vivienda principal, con algo más de 500 m² interiores más terrazas, se adapta a la pendiente natural del terreno.
Una composición de distintos volúmenes, ángulos rectos, proporciones precisas, desniveles y espacios que se entrelazan. Con zonas funcionalmente diferenciadas donde cada rincón está pensado para vivir.
Al acceder a la zona central, —un gran salón abierto, que incluye comedor y porche—, se llega al corazón de la casa. Frente a él se despliegan la piscina, las terrazas y el horizonte.
En el pasillo lateral, los dormitorios se abren a terrazas escalonadas, siguiendo la topografía. El final del pasillo conduce a la planta inferior, donde se proyectó un apartamento completamente independiente, aprovechando el espacio bajo la gran terraza volada.
Esta planta esconde el dormitorio más discreto, un estudio, el solarium-invernadero y una sala de estar luminosa y silenciosa.
Planta superior
ESTUDIO, SOLARIUM-INVERNADERO Y SALA DE ESTAR
La planta superior es el refugio más íntimo de la casa. Incluye un estudio con grandes ventanales y acceso a tranquilas terrazas.
Desde una sala de estar semioculta, se accede al jardín -lateral y trasero-, poblado por grandes pinos.
Un apartamento independiente, presidido por un gran ventanal.
Planta inferior
LA CASA DE INVITADOS
Se accede desde el exterior por el sendero de cipreses, con entrada propia e independiente.
Interior de 185 m², cinco dormitorios y un gran ventanal presidiendo el salón. Vistas excepcionales al mar.
Los huéspedes disfrutan también de las terrazas y la piscina de la finca.
